Como profesores, podemos observar que cada uno de nuestros estudiantes
tiene una manera muy particular de aprender. Algunos buscan siempre el diálogo
y el debate, otros no pueden dejar de tomar apuntes. Algunos otros muestran
preferencia por el análisis de lecturas y otros por la realización de
ejercicios y proyectos prácticos. En ello se desvela que cada estudiante tiene
un estilo de aprendizaje único.
Los estilos de aprendizaje son “los rasgos cognitivos, afectivos y
fisiológicos, que sirven como indicadores relativamente estables, de cómo los
discentes perciben, interaccionan y responden a sus ambientes de aprendizaje”
(ALONSO Y GALLEGO en RAMÍREZ, OSORIO, 2008: 3). Los rasgos cognitivos
tienen que ver con la forma en que los estudiantes estructuran los contenidos,
forman y utilizan conceptos, interpretan la información, resuelven los
problemas y seleccionan medios de representación (visual, auditivo, kinestésico). Los
rasgos afectivos se vinculan con las motivaciones y expectativas que influyen
en el aprendizaje, mientras que los rasgos fisiológicos están relacionados con
el género y ritmos biológicos, como puede ser el de sueño-vigilia, del
estudiante (SEP, 2004:4).
Existen varias teorías relacionadas con los estilos de aprendizaje. Una
de ellas es el modelo de estilos de aprendizaje elaborado por Kolb, el cual,
supone que para aprender algo debemos trabajar o procesar la información que
recibimos.
Todos desarrollamos una preferencia por uno de estos cuatro estilos. La
observación de la conducta de los alumnos en clase es clave para identificar su
estilo de aprendizaje. Para ello es necesario conocer los rasgos generales que
caracterizan a cada uno.
1.
Alumnos activos: Son de mente abierta, nada escépticos y acometen con entusiasmo nuevas
tareas. Aprenden mejor con los desafíos y se aburren con los proyectos a largo
plazo. El aprendizaje les resulta más difícil cuando tienen que adoptar un
papel pasivo, cuando tienen que asimilar, analizar e interpretar datos y cuando
tienen que trabajar solos. La pregunta que quieren responder con el aprendizaje
es ¿cómo? (SEP, 2004: 23).
2.
Alumnos reflexivos: Los alumnos reflexivos tienden a adoptar la postura de un observador
que analiza sus experiencias desde muchas perspectivas distintas. Recogen datos
y los analizan detalladamente antes de llegar a una conclusión. Son precavidos
y analizan todas las implicaciones de cualquier acción antes de ponerse en
movimiento. En las reuniones observan y escuchan antes de hablar procurando
pasar desapercibidos. La pregunta que quieren responder con el aprendizaje es
¿por qué? (SEP, 2004: 23).
3.
Alumnos teóricos: Los alumnos teóricos adaptan e integran las observaciones que realizan
en teorías complejas y bien fundamentadas lógicamente. Piensan de forma
secuencial y paso a paso, integrando hechos dispares en teorías coherentes. Les
gusta analizar y sintetizar la información y su sistema de valores premia la
lógica y la racionalidad. Se sienten incómodos con los juicios subjetivos, las
técnicas de pensamiento lateral y las actividades faltas de lógica clara. La
pregunta que quieren responder con el aprendizaje es ¿qué? (SEP,
2004: 24).
4.
Alumnos pragmáticos: A los alumnos pragmáticos les gusta probar ideas, teorías y técnicas
nuevas, y comprobar si funcionan en la práctica. Les gusta buscar ideas y
ponerlas en práctica inmediatamente, les aburren e impacientan las largas
discusiones discutiendo la misma idea de forma interminable. Son básicamente
gente práctica, apegada a la realidad, a la que le gusta tomar decisiones y
resolver problemas. Los problemas son un desafío y siempre están buscando una
manera mejor de hacer las cosas. La pregunta que quieren responder con el
aprendizaje es ¿qué pasaría si…? (SEP, 2004: 24).
La pregunta ahora es ¿cómo integrar estos
estilos de aprendizaje en estrategias de enseñanza efectivas?
Todos desarrollamos una preferencia por uno de estos estilos de
aprendizaje. Para el docente puede resultar complicado implementar en clase
tantos tipos de enseñanza como estilos de aprendizaje tengan sus alumnos. Pero
sí puede intentar elaborar un modelo de docencia en el aula que englobe
habilidades y competencias características de los estilos de aprendizaje
básicos. De este modo, el alumno se podrá sentir motivado cuando trabaje en el
área en la que tiene mayores fortalezas y, a la vez, podrá experimentar con
otras formas de asimilar los conocimientos (VÁZQUEZ-REINA, 2010). Un
aprendizaje óptimo requiere de las cuatro fases, por lo que será conveniente
presentar nuestra materia de tal forma que garanticemos actividades que cobran
todas las fases del modelo de Kolb.
Kolb dice que, por un lado, podemos partir:
- · de una experiencia directa y concreta:
alumno activo.
- · o bien de una experiencia abstracta, que
es la que tenemos cuando leemos acerca de algo o cuando alguien nos lo cuenta:
alumno teórico.
- Las experiencias que tengamos, concretas o abstractas, se transforman en conocimiento cuando las elaboramos de alguna de estas dos formas:
- · reflexionando y pensando sobre ellas:
alumno reflexivo.
- · experimentando de forma activa con la información recibida: alumno pragmático (SEP, 2004: 22).
A manera de conclusión, es importante conocer el estilo de aprendizaje
de los estudiantes, pues ello proporciona al profesor una herramienta útil para
“personalizar el aprendizaje, enseñar a aprender a aprender; es decir,
posibilitar el conocimiento y destreza necesarios para aprender con efectividad
en cualquier situación en que uno se encuentre” (RAMÍREZ, OSORIO, 2008:3).