·
Aprender dos idiomas de forma simultánea determina la
morfología cerebral
·
Las personas que saben una segunda lengua tienen más
flexibilidad cognitiva
·
Un bebé de cuatro meses sabe discriminar el catalán
del castellano
Ángeles
López | Madrid
horas
El
lenguaje no es algo que exista fuera de nosotros, 'vive' en el cerebro.
Aprender un solo idioma o dos de forma simultánea conforma unas redes
neuronales distintas entre una persona monolingüe y otra bilingüe pero, ¿de qué
manera influye esa diferencia? ¿Tienen los políglotas capacidades no
comunicativas superiores? ¿Son más listos los niños que hablan dos lenguas?
¿Genera el mismo efecto en el desarrollo aprender castellano y catalán que
inglés y japonés?
Existen
muchos grupos científicos que están estudiando el proceso de adquisición del
lenguaje y cómo las lenguas se organizan en el cerebro. Uno de los más
prestigiosos y prolíferos es el denominado BRAINGLOT, integrado por seis grupos
en los que trabajan unos 200 investigadores. Se trata de un proyecto español
que, desde que se formó hace cuatro años, no ha dejado de publicar resultados
interesantes sobre distintos aspectos del bilingüismo, en el área
neuropsicológica, funcional y lingüística.
"España
es el lugar idóneo para hacer este tipo de investigaciones por
diferentes razones. Pocos países, por no decir ninguno, tienen nuestras
peculiaridades. Contamos con individuos que utilizan lenguas muy parecidas,
como el catalán y el español, y otros muy dispares, como el euskera y el
español. También hay población monolingüe. Además, el estatus social y
educativo entre ellos es similar y las distancias que los separan son
pequeñas", afirma Núria Sebastián-Gallés, doctora en psicología, principal
investigadora del grupo Percepción y Adquisición del Discurso de la Universidad
Pompeu Fabra de Barcelona y coordinadora del proyecto BRAINGLOT.
Entre
sus objetivos se encuentran averiguar las bases neuronales del procesamiento
del lenguaje en las personas bilingües, conocer las diferencias, positivas y
negativas, que esta segunda lengua genera en la mente y saber cuál es el
solapamiento que se da entre las redes neuronales con los cambios de tareas no
lingüísticas y del lenguaje. Para ello, desde la Universitat Jaume I de
Castellón, el grupo de César Ávila, catedrático de Psicología Básica, trabaja
en el laboratorio de neuroimagen funcional para conseguir el 'retrato'
del cerebro bilingüe.
Flexibilidad cognitiva
Diferencias en la circunvolución frontal inferior en un cerebro
monolingüe (en rojo) y en un bilingüe (azul). | BRAINGLOT
"Las personas bilingües utilizan
más áreas cerebrales en una tarea lingüística, sobre todo del lado izquierdo
del cerebro (el relacionado con el lenguaje) y de algunas del derecho. Es un
procesamiento menos eficiente pero no menos eficaz, es decir, lo hacen igual de
bien que los monolingües pero para ello necesitan emplear más áreas de su
cerebro. Esto podría significar algún tipo de pequeñísimo enlentecimiento a la
hora de manejar el lenguaje. Pero la parte positiva es que los bilingües
tempranos al pasarse todo el día cambiando de lenguaje, tienen entrenadas capacidades
cognitivas no lingüísticas, en concreto en las funciones
ejecutivas, que sirven
para adaptarse a los cambios de tareas variadas. Se podría
decir que en estas tareas son mejores. Nosotros aportamos la base visual de por
qué son más eficaces y hemos visto que es porque utilizan otras áreas
cerebrales distintas a los monolingües", apunta Ávila.
Ellen Bialystok y Michelle Martin, dos
expertas en bilingüismo, explican en un artículo, publicado 2004 en la revista
'Developmental Science', que "el bilingüismo precoz modifica y mejora en
los niños el desarrollo del control de la atención mientras que tiene poco
impacto en cómo se analizan las representaciones". Pero, como recoge en
otro trabajo publicado hace dos años en la revista de la 'Asociación para la Ciencia
Psicológica', "las personas que hablan dos idiomas tienen menor
competencia en el lenguaje formal".
Como apunta Albert Costa, coordinador
del grupo de Investigación en Producción del Habla y Bilingüismo, de la
Universitat Pompeu Fabra, y también integrante del proyecto español, "son
las dos caras de una moneda. A la hora de producir lenguas parece que los
bilingües son más lentos y tienen con más frecuencia una mayor dificultad para encontrar la
palabra deseada, es lo que se denomina tener la palabra en la punta
de la lengua. Además, poseen un menor vocabulario, aunque cuando se tienen en
cuenta las dos lenguas el número de palabras que conocen es superior en
comparación con una persona monolingüe. Pero esto es algo lógico, es como quien
juega sólo al tenis y el que juega al tenis y al pádel, el primero será mejor
en tenis pero el segundo sabrá manejarse en los dos juegos", explica.
Las divergencias en la flexibilidad
cognitiva no son
"diferencias brutales, si no todo el mundo estaría
dominado por los bilingües. En cuanto al manejo del lenguaje, esa mayor
lentitud a la hora de encontrar la palabra correcta es de milésimas de segundo,
mientras la persona habla no se nota que tiene otras lenguas tocándole las
narices y que su cerebro tiene que estar eligiendo constantemente el idioma con
el que tiene que hablar", señala Sebastián-Gallés.
El lenguaje en los bebés y en los ancianos
Lo que sí que parece es que las ventajas
del bilingüismo se notan más en los niños pequeños y en los ancianos. "El
área prefrontal es la parte del cerebro que se termina de desarrollar más tarde
en la vida, lo hace en la adolescencia tardía, y es de las primeras que se nos
fastidia, entre los 30 y 40 años. Como los bilingües la tienen más entrenada,
eso hace que se les acelere el desarrollo y parece que previene o frena la aparición de los
síntomas de deterioro", detalla esta psicóloga. Aunque
como apunta Costa, "hay que ir con cuidado en relación con las demencias,
porque hay pocos estudios sobre el tema.
'Utilizar dos idiomas contribuye al concepto de
reserva cognitiva'
Parece que la gimnasia mental de
aprender y utilizar dos idiomas contribuye al concepto de reserva cognitiva, es
decir, que a igualdad de daño cerebral en una demencia o en el Alzheimer hay
gente que tiene menos síntomas. Ojalá hubiera más datos en este sentido. En
España se podría hacer un estudio epidemiológico serio, pero como el
bilingüismo es un tema sensible políticamente hablando no hay interés en este
sentido".
Otra rama de investigación es aquella
destinada a conocer las diferencias que se dan a una edad muy temprana.
"Nosotros no trabajamos mucho con bebés, pero sí hay estudios sobre el
tema. Se sabe que en los primeros meses no se puede distinguir entre dos
lenguas pero, a los cuatro meses, un niño sí puede diferenciar entre catalán y
castellano. También, a los ocho meses, los bebés bilingües pueden notar las
diferencias, por ejemplo, entre español y francés, simplemente viendo dos
personas hablar, sin escucharlas, mientras que un monolingüe es incapaz de
hacerlo", afirma Sebastián-Gallés.
En sus trabajos, también han comprobado,
mediante resonancia magnética funcional, que aunque uno aprenda dos lenguas
desde el nacimiento, siempre hay una que va a funcionar como dominante, y que
será aquella a la que más esté expuesto el bebé (normalmente la lengua de la
madre). "Esto sólo se ve con técnicas muy finas, porque hay diferencias
muy pequeñas, tanto que la propia persona no se da cuenta de que maneja mejor
una que otra", aclara esta psicóloga.
El aprendizaje de una segunda lengua
Además de llegar a entender los
beneficios que genera el bilingüismo en la función ejecutiva, otra rama de
estudio del proyecto BRAINGLOT es conocer por qué cuesta tanto aprender un segundo idioma pasada
una edad. "Nuestra tarea es investigar, qué cosas que son
distintas de una lengua a otra son las que van a ser más fáciles de aprender y
cuáles más difíciles", explica Itziar Laka, profesora de lingüística de la
Universidad del País Vasco e investigadora principal Elebilab, grupo que forma
parte del proyecto.
'Todo el retrato completo nos hace comprender mejor la
naturaleza del lenguaje'
Esta experta analiza las señales
cerebrales de las personas cuando escuchan en un idioma algo mal (cuando se
produce una violación sintáctica) y su manera en que el cerebro codifica eso.
"Hay una cosa que la gente no se da cuenta: Se cree que el lenguaje es
algo cultural pero no es así, es una función cognitiva. Si la segunda lengua es
muy distinta, el patrón cerebral será diferente en una persona bilingüe que en
una nativa. Pero también estudiamos qué aspectos de la lengua están
representados de la misma manera en el cerebro de los dos", aclara.
Laka insiste en que la información que
se consigue estudiando el cerebro de una persona que habla dos idiomas es mucho
más rica que la que se logra analizando el de alguien nativo. "Todo el
retrato completo nos hace comprender mejor la naturaleza del lenguaje",
afirma. Esta especialista evalúa a personas de unos veintitantos años que
aprendieron euskera con cuatro o cinco años. "Pensábamos que no íbamos a
encontrar diferencias entre ellos y los nativos, pero no ha sido así. A los cuatro años, la primera lengua
ya ha ocupado un espacio prioritario en el cerebro, y la
segunda tiene que luchar por su espacio".
Pero también se sabe que como se realiza
menos esfuerzo con el primer idioma, el tejido cerebral implicado en su uso es
menor. De hecho, varios estudios muestran que existen diferencias en la
densidad de materia blanca entre las personas bilingües y las que sólo hablan
un idioma. "A mayor mielina mayor rapidez de procesamiento. Los cambios no
sólo son funcionales sino estructurales. Lo importante es determinar que un
aprendizaje externo conforma una morfología cerebral", señala Costa.
El grupo vasco también analiza el efecto
que tiene la ergatividad, es decir, "el euskera como las lenguas mayas, el
georgiano o el tibetano, es una lengua ergativa y tiene una manera de marcar
los sujetos y los objetos distinta a la de las lenguas nominativas como son
todas las latinas. Esto se ha considerado una división psicológica. También
miramos aspectos como la concordancia verbal que en castellano sólo es con el
sujeto, mientras que en euskera es con el sujeto, el objeto y el dativo. Y ahí
vemos que cuando tienes concordancia en tu lengua nativa, puedes usar ese
recurso para la segunda lengua".
Un aprendizaje individual
En definitiva, lo que pretenden estos
investigadores es hacer un mapa de las cosas que son distintas en la lengua y,
cuando ésta no es nativa, cómo se representa en el cerebro. "Hemos
intentando completar el mapa en la franja de los cuatro-cinco años para saber cómo se va colocando la segunda
lengua en el cerebro cuando se aprende a esa edad.
Pretendemos tener una base empírica sólida y seria de qué cosas son difíciles y
fáciles para aprender una lengua", explica Laka.
"Mientras en las lenguas nativas
todos somos igual de buenos, sólo hay diferencias por la educación, en las
segundas lenguas no todo el mundo es igual. Hay evidencias que sugieren que
determinadas maneras de aprender una lengua son más validas para unas personas
que para otras. Quizás en un futuro podamos predecir, según el tipo de persona
que seas, la manera de aprendizaje que requieres", aventura Laka.
Porque un objetivo a largo plazo es que
este conocimiento sirva para ayudar a aprender una segunda lengua de manera más
eficiente. "Pero esto sólo se podrá hacer cuando sepamos mucho más sobre
este tema", explica esta investigadora que también señala la falta de recursos a un año vista.
"El proyecto nació con el compromiso político de que los recursos que
íbamos a tener no se iban a terminar finalizados los cinco años, sino que
tendría continuidad. Pero eso ha cambiado. Es verdad que la situación económica
también lo ha hecho, pero es una pena que en un país ideal para estudiar el
bilingüismo no se pueda hacer. No es un problema de recursos humanos sino de
estabilidad e infraestructura para hacer ciencia".
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/03/23/neurociencia/1332521865.html